Una bala, escondida entre la hierba, entró en su sien derecha y El Mayor no supo que moría. Tan ocupado estaba, está, en su atención a Cuba, que 139 años después no se ha enterado. Las cartas le dicen que, a más de un siglo de distancia de su boda, Amalia le espera, impaciente y amorosa, y ese es un premio a todas sus batallas.
Está ocupado, entonces, en preparar a sus “…jinetes rápidos como el instante”, en continuar su obra de maestro y General y en liberar un Sanguily por cada día. Solo esa bala que no vio en Jimaguayú le impidió hacer otro rescate en San Lorenzo, porque vergüenza sobraba para eso. Ver +
Hasta el día de hoy existen 50 versiones conocidas sobre la caída en combate del mayor general Ignacio Agramonte y Loynaz, ocurrida el 11 de mayo de 1873 en el potrero de Jimaguayú, al sur de la ciudad de Camagüey.
El año 1870 había sido de los más duros y difíciles vividos por Ignacio Agramonte durante la guerra; las contradicciones con Carlos Manuel de Céspedes y el ejecutivo del Gobierno de la República de Cuba en Armas, el desaliento de la actitud traidora de algunos de sus compatriotas, la muerte de su padre en los Estados Unidos lo llevaron a presentar la renuncia al mando de las fuerzas camagüeyanas, al frente de las que estaba desde mediados de 1869. 