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Lección

In Uncategorized on 4 julio, 2012 at 3:36 pm

Siempre había tenido la razón; se preparaba para tenerla… ¡¿Cómo ella le iba a rebatir?! Durante los próximos días revisó cientos de libros, consultó cientos de sitios en Internet, leyó, rebuscó en todas sus obras, en las referencias a sus obras… Y nada. La muchacha tenía razón: “Profe, lo único que le falta a sus palabras es humildad. Y las palabras reflejan, mejor que cualquier espejo, quiénes somos en realidad”.

Él no supo cómo, pero las disculpas le brotaron a torrente frente al aula, no supo muy bien el por qué de la azucena y la sonrisa entregadas, pero solo después que lo hubo hecho aplacó la llama que lo abrasaba pecho adentro. Una brisa le acarició el aliento y solo entonces probó, a pálpitos abiertos, el beneficio incalculable de la humildad. Ver original

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