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La caída de la URSS

In Uncategorized on 6 agosto, 2012 at 8:00 am

Que me perdonen los tovarich, pero nunca soporté el idioma ruso. Cuando en séptimo grado entró a mi aula aquella profesora tan negra como mi abuela hablando ruso, pensé en seguida que, en efecto, era la buena Cacha regañándome. Por suerte, en solo un semestre permutamos, pelo a pelo, de Moscú a Washington: comenzamos el inglés.

Es un alivio que no todas las cosas hablen en su idioma. De aquel país disfruté sobremanera las compotas de manzana, la jalea de leche, los exóticos dulces en conserva, los juguetes, los muñequitos (dice en Cuba la leyenda urbana que le costaron sanción a un popular humorista que afirmó usarlos para castigar al nieto), las bicicletas y, por supuesto, la carne rusa. Ver +

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