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Cien años sin soledad

In Uncategorized on 8 agosto, 2012 at 8:08 am

No se trata de un legendario baobab africano o la añeja ceiba capitalina que concede deseos. Tampoco es aquel manzano donde un terrícola de apellido Newton descubrió la Ley de Gravedad o donde dos sinsuegra se disputaron el fruto prohibido. Sin embargo este también tiene su historia.

Fue traído por la compañía azucarera norteamericana y en 1920, cuando el central Vertientes hizo su primera zafra, ya era bastante grandecito.

Conversando con Raúl Marrero y su esposa Caridad Pino, en su residencia de calle A, me aseguraron que este árbol debe tener un siglo de existencia y a pesar de que a veces pareciera entristecido por la sequía, su fortaleza y el vigor de su tallo así lo atestiguan. Ver +

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