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Santiago

In Uncategorized on 3 noviembre, 2012 at 6:08 am

Hace tiempo, Santiago me dio cinco años de su tiempo. Me puso delante letras inolvidadas. Partió en mi mesa su cazuela ancestralmente humilde y me buscó amigos de los mejores: esos tercos sin cura que aun de lejos persisten en intercambiarme afectos.

Me sumergió en su mar, que es grande sin renunciar a arenas plebeyísimas, o precisamente por no hacerlo. Sin embargo me hizo un regalo mayor: su Sierra, “maéstrica” mole de azulados verdes que mis ojos llanos no se cansaron de ad/mirar. Todavía, cuando a ratos me aburre la sabana, la memoria fabrica un suspiro:

—¡Santiago…! Ver +

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