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Armados con un tabaco

In Uncategorized on 11 noviembre, 2012 at 7:46 am

Como siempre o como nunca —que para este caso funciona igual—, el discurso en el Hardman Hall de Nueva York, el 10 de Octubre de 1891, sacudió sin escalas a los asistentes: los llevó de la más serena atención a los vítores desenfrenados. Era el tema de siempre, la patria, pero otras las palabras porque el orador nunca se repetía. Jamás se sabía qué iba a decir, mas no hacía falta descubrirlo: a los cubanos les bastaba con enterarse de que él hablaría.

A poco de aquellos aplausos, recibió una invitación desde Tampa, el nido patriótico en el que, con ojos de metrópolis, el Gobierno español veía un “nido de filibusteros”. Néstor Leonelo Carbonell le comunicaba que los emigrados en esa ciudad floridana también querían escucharle. Ver +

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