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Mucho Mella sin mella para tanta mente mellada…

In Uncategorized on 24 enero, 2013 at 7:48 am

Seguramente no resistían sus ojos. Era un atleta entero, pasional, puro. Tenía el impulso del remo de proa y la sensación perenne de la batalla, pero su mirada, que hasta en las viejas fotos encandila, debió ser irresistible.
Seguramente no toleraban su lengua. Julio Antonio no creía en feudos, aunque fuesen los de la aristocracia; no creía en distancias, aunque fuesen las de los mares; no creía en tiranos, aunque estos tuviesen garras. Y la palabra le salía rotunda, férrea, como para herir hasta con el eco a los potentados y vanidosos.
Seguramente no soportaban su sangre. En él la juventud no era un pasatiempo, una medalla, un traje. Era joven porque no sabía ser otra cosa de tanta idea juntándosele en la mente; de tanta lanza apretándosele en las manos; de tanto preguntarse, una y otra vez, cómo descabezar los monstruos que le ataban el país, es decir, la familia. Su sangre debió saberle a trueno a los buitres que la buscaron. Ver +

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