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Posts Tagged ‘canas’

Herencia de cabellos blancos

In Uncategorized on 9 enero, 2014 at 3:19 pm

El tiempo ha pasado, lo supe hace poco cuando descubrí que unas cuantas canas han ocupado sin previo aviso un espacio muy cerca de mi frente en el lado derecho de la cara. Una agradabilísima aparición, porque esas canas no son solo el recordatorio del reloj biológico, sino la marca genética de mi madre. Y sí, porque esa vieja, mi vieja como le digo con todo el cariño del mundo, tiene justo en ese mismo sitio un montón de blancas canas, iguales a las de mi tíos Nancy y Ñiquito, iguales a las que tenía mi abuela Tita.

Yo que soy la menos González de toda la familia, al menos fisonómicamente, porque saqué los rizos y el color de la piel de mi padre, y libras y centímetros de estatura de menos, y menos años que todos los primos del familión, ya tengo algunas de las canas que un día formarán el moño blanco de los González.

¿Qué diría tu abuela si te viera? dijo mi padre, porque ya ni mi Tita, ni Mipa, están físicamente desde hace algunos años junto a nosotros . Imagino que su mirada tendría el mismo brillo orgulloso que veo en los ojos de mi madre cada vez que contempla esas canas suyas sembradas en mí. ver +

Un mechón

In Uncategorized on 7 noviembre, 2012 at 8:20 am
En los ’90, cuando en Cuba la luz era casi un privilegio diurno, Dios o alguno de sus funcionarios se acordó de mí: me otorgó un mechón de canas para que conjurara en las noches aquellos apagones que, cual agujeros negros, tragaban para siempre la menor claridad.
Pelo a pelo, aquella estrellita fue consolidándose en la alambrada de mi cabeza hasta formar esta isla con franja de arena que, a falta de méritos, me distingue entre los siete Milanés León. Ver +

Cuatro o cinco canas

In Uncategorized on 3 mayo, 2012 at 5:59 pm

No quiero hacer lo que el respetado barbero que en Cayo Hueso le ofreció un día quitarle aquellas cuatro o cinco canas primerizas que creía lástima dejar en tan buen pelo.

Martí, que también le declinó olorosa colonia, le dijo que no: además de no pesarle, aquellas hebras blancas jamás aumentarían porque el destino no les permitiría nuevas compañeras.

Yo voy a hacer lo contrario del fígaro que pelaba como cosa común la más preciada cabeza que (se) haya dado Cuba: voy a guiar con estos índices buscadores una tijera de filo diferente, que siembre y multiplique aquellos cuatro o cinco canales de sagrada luz Leer +

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