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Posts Tagged ‘mar’

Escritos en la arena

In Uncategorized on 20 febrero, 2013 at 6:10 pm

Las playas, he ahí mi inconformidad (quizás la única seria, descontando el salario); las playas, mi apetito irresuelto. Debe ser porque nací de una de ellas, pero el caso es que no lo acepto: miles de kilómetros de abulia, incontables olas desperdiciadas, brisas sin desembocadura humana, millones de cuerpos sin insinuarse bajo el sol puesto a secar en el largo cordel del horizonte.

Por años, mi desconcierto se ha dorado la piel lejos del mar. Y ya pasa un trecho de mulato. Jamás voy a entender, por mucho que no expliquen, por qué no aceptamos en masa un regalo que Natura, triturando corales con paciencia milenaria, nos envolvió en blancos papeles de archipiélago. Ver +

Criatura sin tiempo que mira el mar

In Uncategorized on 18 enero, 2013 at 5:31 am

Allí sigue en pie mi lugar de desasosiego, de monólogos frente al mar y besos que persisten en la memoria. El muro de la bahía venció todo poder natural, sobrevivió a su tiempo. De haber quedado repartido en fragmentos de piedras por todo Santiago de Cuba, hubiera sido difícil reconstruir las historias de tantas personas. La nostalgia le dio la oportunidad de permanecer firme para sostener incertidumbres, romances y ofrecer el divino espectáculo de los atardeceres.

El sitio llegó a mí sin pensarlo, luego del estropeo de un viaje de Baracoa. Por la causalidad de momentos inexplicables de la vida, esa noche no pude irme para Camagüey. En la terminal de ómnibus, abrumada por el calor y la desesperación, apareció el “muchacho de la bahía” quien me acompañó hasta mi casa al ver que ese día ninguna lista de espera estaba a mi favor. Llegué, dejé la mochila y acepté su invitación de ir a conversar en el puerto; quedé prendada de la paz que me provocó el sitio, justo en ese momento comenzó mi adicción por la Alameda. Ver +

Frente al muro

In Uncategorized on 11 diciembre, 2012 at 4:14 am

La Desconocida monologaba día tras día en cualquier lugar: No sé por qué esta melancolía, estos deseos incansables de estar cerca del mar. Esas pretensiones de poder elegir el lugar hacia donde quisiera encaminar mis pasos permanecen siempre cerca de mí como sombras. Los temores de quedarme inmóvil no se alejan.

Junto al mar siento que todo es posible, que puedo luchar contra las olas sin el constante temor a morir ahogada. Aquí me siento asfixiada. El aire me parece demasiado cargado de inmovilismo, de gente que se contenta con poco, incapaz de lanzarse en busca de pasiones y utopías. Ver +

Se nos va el verano

In Uncategorized on 5 diciembre, 2012 at 6:04 am

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