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Posts Tagged ‘memorias’

Herencia de cabellos blancos

In Uncategorized on 9 enero, 2014 at 3:19 pm

El tiempo ha pasado, lo supe hace poco cuando descubrí que unas cuantas canas han ocupado sin previo aviso un espacio muy cerca de mi frente en el lado derecho de la cara. Una agradabilísima aparición, porque esas canas no son solo el recordatorio del reloj biológico, sino la marca genética de mi madre. Y sí, porque esa vieja, mi vieja como le digo con todo el cariño del mundo, tiene justo en ese mismo sitio un montón de blancas canas, iguales a las de mi tíos Nancy y Ñiquito, iguales a las que tenía mi abuela Tita.

Yo que soy la menos González de toda la familia, al menos fisonómicamente, porque saqué los rizos y el color de la piel de mi padre, y libras y centímetros de estatura de menos, y menos años que todos los primos del familión, ya tengo algunas de las canas que un día formarán el moño blanco de los González.

¿Qué diría tu abuela si te viera? dijo mi padre, porque ya ni mi Tita, ni Mipa, están físicamente desde hace algunos años junto a nosotros . Imagino que su mirada tendría el mismo brillo orgulloso que veo en los ojos de mi madre cada vez que contempla esas canas suyas sembradas en mí. ver +

Memorias de mi escuela vieja

In Uncategorized on 30 septiembre, 2012 at 7:38 am
La escuela pública no. 26 estaba casi a la entrada del reparto Ballina, entre la Carretera Central y el camino de Palomino, algo más allá de la bajada del puente de San Lázaro sobre el río Tínima, al oeste de la ciudad.
Construida de ladrillos y tejas sobre un humedal ni sé cuantos años pudo tener ni cómo los resistió entre las hierbas y el macío. No era en verdad una zona pantanosa, pero como el terreno formaba una hondonada, apenas caía una llovizna todo se llenaba de agua y entonces teníamos que subir a las mesas y pupitres para estar a salvo. Ver +

Mi Chafarrinas

In Uncategorized on 7 septiembre, 2011 at 2:43 pm

Se resiste a los mapas pero así es este Macondo mío, donde empezó todo… tres generaciones atrás. Justo en medio de la nada está mi castillo hecho de paredes de madera y portón amplio al más genuino estilo guajiro cubano.

La casa, tan fuerte como la línea genética familiar, soporta hasta los más fieros embates de la Natura. Se opone a que el tiempo pase y se lleve consigo todas las huellas generacionales: Los juegos en el garaje, las largas carreras al molino de viento, la mata de güira atacada por ejércitos infantiles, el café en coladera y los taburetes del portal. Leer +

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