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Posts Tagged ‘Poesía’

Las altas horas

In Uncategorized on 15 octubre, 2012 at 6:13 pm

Para conocer a la poeta santiaguera Teresa Melo no basta un poema.  Se precisan más poemas para conocer a esta mujer que escribe despacio, que se da tiempo para elegir las palabras que han de nombrar lo que duele o palpita feliz. Pero sirvan esta primeras letras suyas para tomar gusto y empezar a buscarla por las librerías, por los anaqueles de los amigos. Versos así no se paren todos los días. Versos así nos restituyen al lugar del que el mundo abrupto nos expulsó alguna vez. Acá les dejo el poema Las altas horas, que le da título al libro ganador del Premio Nacional de Poesía  Nicolás Guillén en el 2003. !Buen provecho! Ver +

Sobre salvajes

In Uncategorized on 23 septiembre, 2012 at 4:01 pm

Hoy le dedico mi espacio a la poesía, siempre presente en mis días y mis noches, a lo largo de todo el camino recorrido hasta hoy.

El amigo Alpidio Alonso me ha presentado así al poeta venezolano Gustavo Pereira: “Nacido en Punta de Piedra, Isla de Margarita, en 1940, Gustavo Pereira cultiva también la crítica y el ensayo. Autor de más de treinta títulos desde que en 1964 publicara su primer poemario Preparativos del viaje, ha recibido, entre otros reconocimientos, el Premio Joven Poesía de las Universidades Nacionales 1965, el Premio Municipal de Poesía de Caracas 1988, el Premio Fundarte de Poesía 1993, el Premio de la XII Bienal Literaria José Antonio Ramos Sucre 1997, el Premio Nacional de Literatura de Venezuela 2001 y el Premio Víctor Valera Mora 2011. Tanto su poesía como el resto de su labor intelectual dan cuenta de un profundo compromiso con la causa y el destino de los más humildes, esos “seres invisibles” cuya voz esperanzada encuentra un sitio de genuina expresión artística en su obra.” Ver +

Naufragios del San Andrés

In Uncategorized on 27 agosto, 2012 at 7:29 am

El río San Andrés cruza por el costado del pueblo donde nací: Unión de Reyes. Supe el nombre del riacho  muchos años después de la niñez. En aquel tiempo el río siempre estuvo en el anonimato, quizás porque era chiquito y escurridizo y  no tenía grandes corrientes la mayor parte del año.   Nombrarlo era algo como: “vamos al río”. Así a secas, sin respeto ni solemnidades. Cuando venían las lluvias el río se hacía temible,  igual si los ciclones se paseaban por la isla con pasmosa desfachatez. Crecía, crecía hasta llegar casi a los cimientos de las primeras casas del pueblo, se desbordaba en algunas calles. Nada más. Todo lo demás que recuerdo es solo eso, el río corriendo por el campo, con calma, pasando feliz por debajo del puente de los Tres Ojos,  bordeando el cementerio, acumulando basura en sus bordes, extendiéndose por allá, quién sabe donde. No sé todavía hasta donde llega, desde dónde le conocen, quiénes son los niños que hoy se remojan en él. Ver +

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